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Más allá del apego seguro: Desmontando el mito de la seguridad emocional como sinónimo de salud mental


Por: Mtra. Isel Altamirano

Psicóloga clínico-forense, psicoterapeuta y perito oficial


Hoy quiero compartirte cómo dentro de la misma divulgación que hacemos en psicología —y, con demasiada frecuencia, también en informes clínicos y periciales— circula una simplificación peligrosa: pensar que si existe un vínculo de apego seguro con al menos una figura significativa, el desarrollo socioemocional estaría garantizado; y a la inversa, cualquier forma de apego inseguro auguraría psicopatología. Este algoritmo —seguridad = salud mental— es intuitivamente atractiva porque ofrece una etiqueta simple para fenómenos complejos. Sin embargo es clínicamente imprecisa y, en contextos forenses, puede llevar a errores de interpretación y sesgos de confirmación con consecuencias reales sobre decisiones de protección, custodia e intervención.


Hay un eje conceptual más fino y con mayor poder predictivo que podemos confirmar con información que se ha ido diseñado, sobre todo posterior a la propuesta de Ainsworth: no es la dicotomía seguro/inseguro la que mejor anticipa el riesgo de psicopatología y disociación, sino la distinción entre apego organizado y apego desorganizado. : Lo que te cuento hoy es esa distinción y sus implicaciones para la práctica clínica infanto-familiar y para la valoración forense.


1. Lo que Ainsworth realmente clasificó: tres estrategias de apego organizadas


La Situación Extraña de Ainsworth, Blehar, Waters y Wall (1978) identificó originalmente tres patrones de apego: seguro (B), evitativo (A) y ambivalente-resistente (C). Es crucial subrayar algo que suele perderse en lo que se comparte: los patrones A y C, pese a ser "inseguros", son estrategias organizadas. Es decir, constituyen respuestas coherentes, predecibles y adaptativas frente a un contexto de cuidado específico.


El niño con patrón de aepgo evitativo ha aprendido a minimizar la expresión de su necesidad de proximidad porque, históricamente, esa expresión ha sido rechazada o desatendida; por tanto este niño aprendió a regular su malestar dirigiendo la atención lejos de la figura de apego. El niño con patrón ambivalente ha aprendido a maximizar la expresión de angustia y las conductas de búsqueda de proximidad porque su figura de cuidado ha sido inconsistente, y la intensificación de la señal es la estrategia que, a veces, logra una respuesta, otras veces no. En ambos casos hay una estrategia: un patrón coherente de regulación afectiva y conductual frente al cuidador disponible. No es salud óptima, pero tampoco es desorganización psíquica ya que se mantiene internamente un "relato" sobre el cómo actuar.


2. El hallazgo que cambió el paradigma: la desorganización


Main y Solomon (1986, 1990) identificaron un grupo de niños que no encajaban en ninguna de las tres categorías clásicas: mostraban conductas contradictorias y simultáneas (acercarse al cuidador con la mirada desviada, congelarse a mitad de un movimiento, mostrar aprensión franca ante la persona que debería ser su refugio). A este patrón lo denominaron desorganizado/desorientado (D).


El mecanismo explicativo propuesto por Main y Hesse (1990) es el concepto de miedo sin solución (fright without solution): el sistema de apego se activa biológicamente cuando el niño percibe amenaza, y su solución evolutiva es buscar proximidad con el cuidador. Pero cuando el propio cuidador es la fuente del miedo —por maltrato, por conductas atemorizantes o atemorizadas, o por comportamientos disociativos del adulto—, el niño queda atrapado en una paradoja irresoluble: la misma figura que debería regular el miedo es quien lo provoca. No hay estrategia conductual coherente posible ante esa contradicción, y de ahí la desorganización psíquica observable.


3. Por qué el eje organización/desorganización predice mejor el riesgo


La evidencia acumulada durante más de tres décadas de investigación apunta consistentemente en una dirección: es la desorganización, no la inseguridad per se, la que se asocia con mayor riesgo de psicopatología. El metaanálisis de van IJzendoorn, Schuengel y Bakermans-Kranenburg (1999) situó la desorganización como el predictor más robusto de dificultades externalizantes posteriores, por encima de los patrones inseguros organizados. Cyr, Euser, Bakermans-Kranenburg y van IJzendoorn (2010) confirmaron en contextos de maltrato y alto riesgo que la desorganización, y no simplemente la inseguridad, es la que se dispara en poblaciones expuestas a negligencia y abuso. El estudio longitudinal de Carlson (1998) vinculó la desorganización temprana con sintomatología disociativa en etapas posteriores del desarrollo, línea que Liotti (2004) desarrolló conceptualmente al proponer la desorganización como uno de los hilos etiológicos centrales de los trastornos disociativos.


Los patrones inseguros organizados (evitativo, ambivalente), en cambio, funcionan más bien como factores de riesgo moderados y como terreno fértil para ciertas dificultades relacionales o de regulación emocional, pero no muestran la misma asociación específica con disociación, trauma complejo o los cuadros más severos de desregulación que sí muestra la desorganización.


4. El mito y sus dos caras


En las últimas dos décadas se le ha dado una especial atención a la teoría del apego y su aplicación en la crianza fortaleciendo la creencia de que "seguridad es igual a salud mental" siendo una fóruma sencilla de aplicar pero perdiendo de vista el impacto clínico real y la forma en la que ésto influye en el diseño de la psique y la salud mental.


Primera falla: asumir que la sola presencia de apego seguro en la infancia temprana garantiza bienestar psicológico posterior. La salud mental adulta está multideterminada: temperamento, factores genéticos, experiencias relacionales posteriores (pares, pareja, terapia), adversidad ambiental, factores socioeconómicos y recursos de resiliencia intervienen de forma acumulativa. El apego seguro es un factor protector probabilístico, no una garantía determinista.


Segunda falla, más relevante en contextos periciales: asumir que cualquier forma de inseguridad equivale a patología o a incompetencia parental. Etiquetar el vínculo de un cuidador como "no saludable" únicamente porque no corresponde al patrón seguro , sin diferenciar si la estrategia es organizada o desorganizada, conduce a sobrepatologizar variaciones normativas y a desviar recursos de intervención de los casos que realmente presentan riesgo crítico.


5. Implicaciones clínico-forenses


Te cuent de qué manera esta información tiene implicaciones en ambas áreas:


En la valoración de niñas, niños y adolescentes víctimas. Es frecuente observar en contextos de maltrato conductas contradictorias hacia el cuidador agresor: búsqueda de proximidad y protección simultánea al rechazo o el temor manifiesto. Esta ambivalencia conductual es la firma comportamental de la desorganización del apego, no un indicio de fabulación, manipulación externa o incoherencia que reste credibilidad al relato. Comprender este mecanismo es fundamental al momento de interpretar la conducta del NNA durante la entrevista única especializada y de contextualizar por qué el vínculo con el agresor puede coexistir con el daño y con el relato espontáneo del abuso, sin que ello implique contradicción testimonial.


En la evaluación de capacidades parentales y en procesos de custodia. La investigación sobre el estado mental no resuelto respecto a trauma o pérdida en el cuidador —evaluable mediante instrumentos como la Entrevista de Apego Adulto (Main y Goldwyn)— predice con mayor especificidad el riesgo de desorganización en el niño que la sola presencia o ausencia de afecto observable en la díada. Desde una perspectiva colaborativa, esto permite diferenciar con mayor precisión los casos que requieren intervención protectora intensiva (desorganización, trauma no resuelto en el cuidador, conductas atemorizantes) de aquellos donde una dinámica insegura pero organizada admite trabajo terapéutico sin que ello implique, por sí mismo, incompetencia parental tener presente esta distinción es clave al momento del diseño de una pericial.


6. Implicaciones para la intervención terapéutica infanto-familiar


Ahora, uno de los aspectos clínicos que son incómodos de visibilizar pero que es realista al momento de intervenir en proceso clínicos familiares es que no necesariamente se buscará que desarrollen estrategias para "producir seguridad" en un sentido incluso idealizado de familia, pues en relación a ello será clave por sobre todo reducir las conductas atemorizantes o atemorizadas del cuidador y favorecer la emergencia de una estrategia relacional coherente, aunque no fuera "óptima". Un cuidador evitativo o ambivalente pero organizado, y consciente de su propio patrón, puede ofrecer una base suficientemente predecible para el desarrollo del niño. El foco terapéutico prioritario debe dirigirse a interrumpir el circuito de miedo sin solución, que es el que verdaderamente compromete el desarrollo.


Conclusión


La seguridad del apego es, sin duda deseable y un factor protector documentado. Sin embargo el umbral, en términos clínico-forenses críticos no será la línea entre seguro e inseguro, sino la línea entre organización y desorganización psíquica. Sostener el mito de que la seguridad equivale a salud mental —y, en su reverso, que la inseguridad equivale a patología— empobrece la capacidad de discriminación diagnóstica precisamente en los casos donde más se necesita precisión: la valoración forense de vínculos afectados por maltrato, trauma y pérdida no resuelta.


Dudas o comentarios? acércate, conversemos y juntos Construyamos Alternativas!





Referencias para quien quiera profundizar


*Ainsworth, M. D. S., Blehar, M. C., Waters, E., & Wall, S. (1978). Patterns of Attachment: A Psychological Study of the Strange Situation. Lawrence Erlbaum Associates.

*Bowlby, J. (1969/1982). Attachment and Loss, Vol. 1: Attachment. Basic Books.

Carlson, E. A. (1998). A prospective longitudinal study of attachment disorganization/disorientation. Child Development, 69(4), 1107–1128.

*Cyr, C., Euser, E. M., Bakermans-Kranenburg, M. J., & van IJzendoorn, M. H. (2010). Attachment security and disorganization in maltreating and high-risk families: A series of meta-analyses. Development and Psychopathology, 22(1), 87–108.

*Hesse, E., & Main, M. (2006). Frightened, threatening, and dissociative parental behavior in low-risk samples: Description, discussion, and interpretations. Development and Psychopathology, 18(2), 309–343.

*van IJzendoorn, M. H., Schuengel, C., & Bakermans-Kranenburg, M. J. (1999). Disorganized attachment in early childhood: Meta-analysis of precursors, concomitants, and sequelae. Development and Psychopathology, 11(2), 225–249.


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