El rol de los padres en el neurodesarrollo de hijos con TDA/TDAH: 5 pasos hacia la autonomía
- IselaAltamirano Construyendo Alternativas

- 10 ago
- 6 min de lectura
Por : Isela Altamirano
Psicóloga clínico-forense, psicoterapeuta y perito oficial
Algo que no te he contado es que yo soy mamá de un chico neurodivergente lo que me abrió un mundo de aprendizajes y resignificados más allá de la práctica clínica. A veces, lo más desafiante es recordar de manera continua que el ritmo de desarrollo y logros que nuestro niño va teniendo siempre será diferente y que diferente es lo normal para nosotros. También recordé que antes que ser especialista soy mujer y soy mamá.
Recuerdo que cuando se formalizó el diagnóstico de TDAh por mi corazón pasaron muchos temores. Vinieron a mi mente ideas culturales relacionadas con esta condición: mala conducta, dificultades de aprendizaje, gritos, malas relaciones sociales, delito... me sentí muy desanimada. Viví un período de duelo porque el camino que había pensado que seguiría me llevaría a la montaña y no a la playa.
Sin embargo, después de pasados unos meses y de haberme ajustado a la nueva realidad me di a la tarea de conocer un poco más y sobre todo irme permitiendo conocer a mi hijo más allá de la condición de neurodesarrollo que formalmente se que presenta. Fuí más consciente y más observadora y confirmé que cuando un hijo o hija recibe un diagnóstico de TDA/TDAH, muchas familias andamos entre dos extremos: el control excesivo ("si no superviso cada paso, algo saldrá mal") o la sensación de impotencia ("haga lo que haga, no cambia nada"). Noté que ninguno de los dos favorece el objetivo real del acompañamiento que es: que nuestro hijo/hija construya con el tiempo su propia capacidad de autorregulación.
El TDA/TDAH no es un problema de voluntad ni de disciplina. Tampoco es discapacitante en sí mismo; es una condición del neurodesarrollo que impacta de forma directa a las funciones ejecutivas: la capacidad de planificar, inhibir impulsos, sostener la atención, regular emociones y organizar la conducta en función de una meta. Entender esto cambia la pregunta que los padres solemos hacernos. No se trata de "¿cómo logro que mi hijo se porte bien?", sino de "¿cómo le presto, temporalmente, las funciones que su cerebro aún no puede sostener por sí solo, para que poco a poco las haga suyas?"
En esta guía te propongo cinco pasos para acompañar ese proceso que nace de mi propio ejercicio como mamá y especialista en la materia:

1. Comprender el TDA/TDAH desde el neurodesarrollo, no desde la conducta
Integra entonces:
Sustituir el "no quiere" por "todavía no puede hacerlo solo en esta situación".
Diferenciar entre lo que el niño no puede hacer de forma consistente (regularse cuando está sobreestimulado) y lo que sí puede hacer con apoyo adecuado.
Psicoeducar también al resto del sistema familiar (abuelos, hermanos, cuidadores) para reducir interpretaciones moralizantes de la conducta que muchas veces redirigen la atención hacia ejericios disciplinarios autoritarios y punitivos lo que terminr hiriendo vínculos y generando trauma psíquico más allá de entrenar y/o acompañar el desarrollo.
Este paso no exime de límites ni de estructura; al contrario, permite poner límites desde la comprensión y no desde la exasperación, lo cual los hace más sostenibles en el tiempo. Te comparto ideas más adelante.
2. Corregulación antes que autorregulación: el padre o madre como "cerebro externo" temporal
De lo más difícil es tener presente que un niño con TDA/TDAH no llega regulado al mundo; llega justamente dependiendo de que un adulto le preste su propia regulación hasta que la interiorice. Y si bien esto es lo se espera del adulto para acompañar en general a la niñez, en un niño con condiciones neurodivergentes el tiempo es incluso un 30% mayor al que requerirá un niño sin esta condición. A esto se le llama corregulación: el adulto modula su tono, su ritmo y su respuesta emocional para ofrecer un sistema nervioso estable con el cual el niño pueda "sincronizarse".
Integra entonces lo siguiente:
Antes de intervenir en una crisis o desorganización de tu hijo, tú como adulto obsérvate y regula tu propio estado (respiración, tono de voz, postura corporal).
Evitar escalar el conflicto respondiendo con la misma intensidad emocional que tu niño está mostrando.
Nombrar el estado interno de tu hijo en voz alta y con calma ("veo que esto te está costando mucho ahora mismo") como paso previo a pedir cualquier cambio de conducta.
Con el tiempo, esta función que el adulto presta de manera externa se va internalizando como autorregulación propia. Es un proceso gradual, no un evento puntual y para ello que tú conozcas también la personalidad que va desarrollando tu hijo es clave ya que , él /ella es más que solamente un proceso de neurodesarrollo con una condición específica. Te comparto más en otro espacio.
3. Construir andamiajes externos y retirarlos progresivamente
El concepto de andamiaje (scaffolding), es un concepto que me encanta porque es recordar que con un poco de ayuda y siendo muy observadores nuestro hijo/a poco a poco logrará lo que está justamente por alcanzar. Este concepto es central aquí: se trata de ofrecer apoyos externos ajustados al nivel actual del niño, dentro de su zona de desarrollo próximo, para luego irlos retirando a medida que la competencia se consolida.
Integra lo siguiente :
Rutinas visuales, temporizadores, listas de pasos y recordatorios externos para tareas que requieren organización (rutina matutina, tareas escolares, orden de pertenencias).
El andamiaje debe ser explícito y temporal: se construye con la intención de desmontarlo, no de sostenerlo indefinidamente. No es porque no vaya a poder sino porque todavía no puede.
Ir retirando apoyos de forma progresiva: de "hacerlo por él" a "hacerlo con él" y finalmente a "supervisar mientras lo hace solo".
El error común es mantener el andamiaje fijo durante años, lo cual perpetúa la dependencia en lugar de habilitar la autonomía.

4. Delegar responsabilidad de forma progresiva, con consecuencias naturales
La autonomía se entrena con oportunidades reales de decidir y de asumir las consecuencias de esas decisiones, ajustadas a la edad y a la etapa de desarrollo de nuestro niño.
Integra lo siguiente :
Ofrece opciones directivas ("¿prefieres hacer la tarea antes o después de merendar?") en lugar de decisiones totalmente abiertas o totalmente impuestas.
Prioriza consecuencias naturales o lógicas sobre el castigo: si olvida el material escolar, experimenta la consecuencia en un contexto seguro, en vez de que el adulto resuelva el problema por él sistemáticamente.
Refuerza el esfuerzo y la estrategia utilizada, no solo el resultado final; esto sostiene la motivación intrínseca a largo plazo.
Permite el error como parte legítima del aprendizaje, evitando tanto la sobreprotección como la crítica excesiva.
5. Sostener una alianza colaborativa con la escuela y otros sistemas de apoyo
Ningún proceso de autonomía se construye de manera aislada en el hogar. La coherencia entre los distintos contextos en los que el niño se desarrolla —familia, escuela, terapia— es lo que permite que los aprendizajes se generalicen.
Integra lo siguiente:
Mantén comunicación periódica con los maestros para compartir qué estrategias funcionan en casa y adaptar mensajes consistentes entre ambos contextos.
Evita que la escuela y la familia trabajen con lógicas opuestas (por ejemplo, exigencias muy distintas de autonomía en cada espacio).
Integra a otros profesionales (psicopedagogos, terapeutas ocupacionales, neuropsicólogos) como parte de un mismo equipo, no como intervenciones desconectadas.
Desde una perspectiva colaborativa, incluye progresivamente la propia voz del niño en las conversaciones sobre su proceso, en la medida en que su edad lo permita.

Como conclusión
La autonomía en un niño con TDA/TDAH no se logra presionándolo o empujándolo a funcionar como si no tuviera un perfil neurodivergente, ni tampoco resolviendo todo por él para evitarle frustración. Se construye en el punto intermedio: sostener lo que aún no puede hacer solo, e ir cediendo terreno, paso a paso, a medida que sus propias funciones ejecutivas maduran.
Es un proceso no lineal, con avances y retrocesos, que requiere paciencia, ternura y autoconciencia por parte de quienes estamos con ellos y, con frecuencia, acompañamiento profesional para calibrar el ritmo adecuado a cada niño y a cada familia.
Recuerda: si tienes dudas o inquietudes acércate, conversemos y juntos Construyamos Alternativas!
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